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PROVINCIALES

Con los represores ausentes y la declaración de testigos, se inició este lunes el juicio Área Paraná II

  Paraná, 16 Abr (APFDigital)


– Se juzga en Paraná a ocho imputados por los delitos de privaciones ilegítimas de libertad, tormentos, vejaciones, apremios ilegales y severidades, en perjuicio de una veintena de víctimas, durante la última dictadura cívico-militar

Este lunes comienza un nuevo juicio contra genocidas.



"Ya se cumplieron 41 años del primer habeas corpus. Con todas estas interrupciones en la Justicia, han pasado tanta cantidad de años que mis padres, como los padres de tantos, no pudieron ver que se haya hecho justicia por lo que le hicieron a su hijo. Por eso pido que este año haya sentencia para quienes cometieron estos aberrantes hechos".

María Ema Papetti no olvidó reeditar el reclamo para el Poder Judicial durante su declaración de este lunes ante la jueza Beatriz Estela Aranguren, y de esa manera exigió celeridad en el juicio por la causa Área Paraná II, en la cual se investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura en perjuicio de una veintena de víctimas, entre ellas su hermano, el concordiense Jorge Emilio Papetti, quien continúa desaparecido.

"Ellos (los acusados) tuvieron la posibilidad de decir dónde están los cuerpos y decidieron seguir callando, siguen anclados en la mentira", subrayó. A su derecha sólo estaba el defensor oficial José Rubén Boxler, mientras que los ocho genocidas imputados optaron por no hacerse presentes.

Con el testimonio de María Ema Papetti comenzaron las audiencias públicas en los tribunales federales de calle 25 de Mayo 256, en la capital entrerriana. Luego fue el turno de Juan Emilio Basso Feresín, hijo del detenido desaparecido Emilio Feresín y de María Eugenia Saint Girons, quien declaró por el secuestro y las torturas que sufrió su madre en Paraná. Juan Emilio estuvo detenido con su mamá desde el momento mismo del parto, hasta que fue entregado a sus abuelos seis meses después

  Los imputados son Naldo Miguel Dasso, José Anselmo Appelhans, Gonzalo López Belsué, Jorge Humberto Appiani, Alberto Rivas, Rosa Susana Bidinost, el médico Hugo Mario Moyano y Guillermo Quintana.

  Son juzgados por privaciones ilegítimas de libertad, tormentos, vejaciones, apremios ilegales y severidades cometidos durante la última dictadura cívico-militar en la provincia. La próxima audiencia está prevista para el viernes, con las declaraciones de testigos propuestos por la defensa.

"Estar acá es algo largamente esperado", señaló Papetti al iniciar su testimonio. Por un lado, dedicó su intervención a reivindicar a su hermano, a quien recordó como "un militante político de la Juventud Universitaria Peronista", que fue detenido cuando realizaba el Servicio Militar Obligatorio. Por otro lado, reconoció la lucha de sus padres, quienes pese al contexto dictatorial y represivo, nunca dejaron de buscarlo.

  Le faltaba un mes para salir cuando, el 16 de marzo de 1977, el militar López Belsué sacó a Jorge de formación en el Regimiento de Concordia. "Nosotros nos enteramos el día 22, cuando mi madre fue a averiguar". Su hermana reconstruyó a través de su relato lo que él debió pasar. Junto a otros dos detenidos, Rogelio Ayala y Jorge Ramírez, fue torturado en una casa que se encontraba dentro del predio del Donovan Polo Club y en un lugar cercano a la represa de Salto Grande. Luego los tres fueron trasladados a Paraná.

Dasso, el jefe del regimiento, sostuvo desde ese momento ante la familia que el joven se había escapado en el traslado a Paraná, cuando pidió permiso para hacer sus necesidades fisiológicas en las inmediaciones de Villaguay. Los padres fueron todos los días a hablar con Dasso durante aquel año, y luego una vez por semana y más tarde por carta, buscando respuestas que nunca encontraban, sólo la misma versión inverosímil de la fuga.

"Supimos la verdad cuando comenzaron a salir los presos políticos. Esta versión se desmoronó con el testimonio de Ramírez, quien contó que Jorge se quedó en la tortura cuando estaban detenidos en la cárcel de Paraná", expresó. Papetti, que estaba muy golpeado y con una costilla fracturada, tenía una voz gruesa muy característica, por la cual lo llamaban por el apodo de Trueno. Ramírez, con los ojos tapados, pudo escuchar todo el tiempo la voz y la tos de su compañero, hasta que percibió un intento de reanimación y luego el desenlace fatal.

"Quiero manifestar mi reconocimiento a mis padres que fallecieron sin conocer la justicia", sostuvo María Ema. "Encontrarse con otros familiares que estaban pasando por lo mismo fue lo que les permitió llevar adelante el dolor. Hicieron todo lo humanamente posible. Fueron años de muchísima lucha y muchísima soledad".

Ante una pregunta de la querella, la mujer dijo que, según les informó Dasso, los encargados del traslado a Paraná fueron tres militares de apellidos Aleman, Amarillo y Galeano. También recordó las amenazas que el jefe del regimiento lanzó contra sus padres en reiteradas oportunidades. Una de esas amenazas era que si seguían insistiendo la iban a secuestrar también a ella.



 



• Detenidos en el parto

Juan Emilio Basso Feresín, militante de la agrupación H.I.J.O.S. Rosario, relató los pormenores del secuestro de su madre, María Eugenia Saint Girons, y su propio secuestro desde que nació, el 11 de febrero de 1977, hasta agosto de ese año cuando fue entregado a sus abuelos.

Su narración fue el producto de una reconstrucción familiar, indicó, puesto que su madre falleció en 1996. "Mi mamá estaba con un embarazo casi a término. Estaba preocupada desde el día anterior porque mi padre, que ese día cumplía años, había ido a Santa Fe y no había vuelto. Estaba con mi abuela cuando comenzó a tener los síntomas de trabajo de parto.

Fueron al hospital San Roque, nací yo, y en el mismo parto fue secuestrada por fuerzas civiles y del Ejército. Ahí empezó el cautiverio de los dos", manifestó.

Desde el San Roque, madre e hijo fueron trasladados al Hospital Militar, donde ella sufrió torturas físicas y psicológicas. Una de las torturas consistía en amenazarla con que asesinarían al bebé.

En 2008 conoció el testimonio brindado por un hombre que en aquella época realizó la conscripción en el Hospital Militar de Paraná, quien vio cuando interrogaban a María Eugenia mientras uno de los represores sostenía al niño por las piernas, con la cabeza hacia abajo. Esto confirmaba el relato de su madre.

Juan Emilio dijo que esperaba poder ver a los represores en el banquillo, pero decidieron no estar presentes. Nombró especialmente a Appiani, Appelhans y Moyano. También a Quintana, quien le hizo firmar a su madre declaraciones arrancadas bajo tormento y que fueron utilizadas para los consejos de guerra, parodias de juicio con que se blanqueaba a los militantes secuestrados: "Son personajes cobardes, que hoy no están acá, pero que espero que la Justicia actúe como corresponde".

El derrotero de la mujer y su bebé continuó luego en la Unidad Penal N° 6 de mujeres. De allí ella era sacada para ser torturada, mientras otras detenidas cuidaban de la criatura. Otro de los métodos de tormento consistía en hacerle escuchar cintas grabadas con la voz de su marido Emilio Feresín, quien estuvo secuestrado en centros clandestinos de detención de Paraná y Santa Fe y todavía permanece desaparecido.

En una de las sesiones con picana ella perdió el conocimiento. Para mantenerla con vida, a fin de que continuaran las torturas, la inyectaban y le daban pastillas. Como se comprobó en la causa Área Paraná I, la persona encargada de estos procedimientos era el médico Hugo Mario Moyano, también imputado en esta causa.

María Eugenia fue trasladada más adelante al penal de Villa Devoto, en Buenos Aires. Finalmente fue liberada en diciembre de 1982.

La causa Área Paraná II se inició en 2011 como un desprendimiento del expediente principal, que tuvo sentencia en diciembre de 2015. Tiene la particularidad de que tramita por el antiguo Código de Procedimientos en Materia Penal, que prevé un proceso escrito y secreto, con excepción de estas audiencias públicas.



• Hojas amarillentas

En uno de los momentos más emotivos de la jornada, Juan Emilio Basso mostró un cuaderno con hojas ya amarillas por el paso del tiempo. Era –explicó– el diario que su mamá escribió en prisión desde julio de 1977, cuando ya sabía que en poco tiempo iban a separarse.

Él leyó algunos párrafos. Por ejemplo: "Hoy tenemos ya poco tiempo para compartir. No sabemos cuánto, pero sí sé que es poco, por eso sé que debo decirte todo lo que tengo dentro mío, mi gringuito. De todo lo nuevo que tengo que afrontar, lo más difícil va a ser no poder tocarte".

De esa manera, respondió a la pregunta por las secuelas que sufrió María Eugenia, a quien describió como una mujer siempre esperanzadora y positiva, a pesar de todos los sufrimientos que atravesó estando secuestrada: "Lo peor de las condiciones de su detención fue haber tenido que pasarla conmigo", remarcó según la publicación de diario UNO. (APFDigital)





Fecha Publicación: 17/04/2018  07:04 

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